domingo, 25 de abril de 2010
filosofando
En mi propia filosofía de vida me encuentro una persona muy afortunada, he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente, de ver muchos sitios y de vivir muchas cosas, y he dejado que ello me influya. De este modo puedo afirmar que, aunque en esencia soy la misma, el yo de dieciséis años es muy diferente al yo de veintisiete; y además de ello me enorgullezco de decir que ahora soy mucho mejor que antes. Estoy mejorada, y eso no puede decirlo todo el mundo; hay personas que utilizan sus experiencias para evolucionar de forma negativa, y eso a mí, gracias a Dios, no me ha pasado.
En resumen, me siento muy feliz de ser como soy, de estar rodeada de las personas que yo he elegido, y de poder llevar la vida que yo quiero. ¿Qué más puedo pedir? Que siga así.
recuerdos
05.12.09
14:36h
[...] No he andado mucho, me he sentado en la hierba y sonrío; sonrío porque el olor me trae recuerdos. Huele a alegría. Aunque no muy lejos de aquí hay un concierto de rock, la verdad es que se respira tranquilidad. Es un sitio muy apacible.
15:52h
El jardín botánico [de Sydney] huele a campamento cuando amanece y cuando anochece si paso por las zonas húmedas, huele al cigarral, huele a Los Molinos. También huele a Irlanda.
16.12.09
[...]Nuestra primera noche ha sido para mí como un recuerdo de los tiempos pasados. Los mosquitos, el olor a campo, los sonidos de la noche, los pájaros y su grito tan humano, los koalas y su ruido tan... “puerco”... [...]
22.12.09
16:50h.
[...] En el camino a Alice Springs hemos ido a ver los cráteres que dejaron unos meteoritos que cayeron hace 40 millones de años. Por alguna razón me he acordado de mi profesor de geología Eduardo, que chupaba las piedras para saber su composición. Es extraño, pero durante este viaje por el desiertote siento muy lej9os de mi yo material, pero muy dentro de mis pensamientos y recuerdos. Recuerdo muchas cosas de cuando era pequeña, de cuando vivía en Madrid, o de cuando estaba en el instituto; los olores me traen recuerdos de momentos pasados. Por otro lado, mis cosas cercanas y cotidianas no las tengo tan presentes; ni mi casa de ahora, ni mis amigos, ni mi trabajo, ni mi familia (en el sentido presente)... Parece que el desierto me aísla de mi propia vida, me despoja de ella, y me deja a solas con los vagos recuerdos que un día fueron una realidad. Seguimos “on the road”.
